Alteróptica 2009 ///

lunes, 28 de febrero de 2011

LA CULTURA DE LA VIRTUALIDAD REAL / MANUEL CASTELLS



Tomado de “La era de la información: economía, sociedad y cultura” Vol. I

Las culturas están hechas de procesos de comunicación. Y todas las formas de comunicación, como nos enseñaron Roland Barthes y Jean Baudrillard hace muchos años, se basan en la producción y el consumo de signos. Así pues, no hay separación entre <> y representación simbólica. En todas las sociedades, la humanidad ha existido y actuado a través de un entorno simbólico. Por lo tanto, lo que es específico desde el punto de vista histórico del nuevo sistema de comunicación, organizado en torno a la integración electrónica de todos los modos de comunicación, desde el tipográfico hasta el multisensorial, no es su inducción de la realidad virtual, sino la construcción de la virtualidad real. Lo explicaré con la ayuda del diccionario, según el cual, <<virtual: que es tal en la práctica, aunque no estrictamente o en nombre de>>, y << real: que tiene existencia verdadera>>. Así que, la realidad, tal como se experimenta, siempre ha sido virtual, porque siempre se percibe a través de símbolos que formulan la práctica con algún significado que se escapa de su estricta definición semántica. Es precisamente esta capacidad de todas las formas del lenguaje para codificar la ambigüedad y para abrir una diversidad de interpretaciones la que hace a las expresiones culturales distintas del razonamiento matemático formal/lógico. Es mediante el carácter polisémico de nuestros discursos como se manifiesta la complejidad de los mensajes de la mente humana, e incluso su cualidad contradictoria. Esta gama de variación cultural del significado de los mensajes nos permite interactuar unos con otros en una gran diversidad de dimensiones, algunas explícitas y otras implícitas. Así pues, cuando los críticos de los medios de comunicación electrónicos sostienen que el nuevo entorno simbólico no representa la <>, hacen referencia implícita a una noción absurdamente primitiva de experiencia real <> que nunca existió. Todas las realidades se comunican por medio de símbolos. Y la comunicación humana interactiva, sin tener en cuenta el medio, todos los símbolos resultan algo desplazados en relación con su significado semántico asignado. En cierto sentido, toda la realidad se percibe virtualmente.

¿Qué sistema de comunicación es entonces el que, en contraste con la experiencia histórica previa, genera virtualidad real? Es un sistema en el que la misma realidad (esto es la existencia material/simbólica de la gente) es capturada por completo, sumergida de lleno en un escenario de imágenes no virtuales, en el mundo de hacer creer, en el que las apariencias no están sólo en la pantalla a través de la cual se comunica experiencia, sino que se convierten en la experiencia. Todos los mensajes de toda clase quedan encerrados en el medio, porque éste se ha vuelto abarcador, tan diversificado, tan maleable, que absorbe en el mismo textos multimedia el conjunto de la experiencia humana, pasada, presente y futura, como en ese +único punto del universo que Jorge Luis Borges llamó el <<Álef>>. Pondré un ejemplo: En la campaña presidencial estadounidense de 1992, el entonces vicepresidente Dan Quayle quiso pronunciarse en defensa de los valores familiares tradicionales. Armado de sus convicciones morales, inició un debate inusual con Murphy Brown. Interpretada por una gran actriz, Candice Bergen, era el personaje principal de una popular serie de televisión que (re)presentaba los valores y problemas de una nueva clase de mujer: la profesional soltera que trabaja y tiene sus propios criterios sobre la vida. En las semanas de la campaña presidencial, Murphy Brown (no Candice Bergen) se desquitó: en su episodio siguiente, apareció viendo la entrevista televisiva en la que el vicepresidente la censuraba y se interpuso criticando con contundencia la interferencia de los políticos en la vida de las mujeres y defendiendo su derecho a una nueva moralidad. Finalmente, Murphy Brown aumentó su cuota de audiencia y el conservadurismo anticuado de Dan Quayle contribuyó a la derrota electoral del presidente Bush, siendo ambos acontecimientos reales y, en cierta medida, socialmente importantes. No obstante, se había compuesto un nuevo texto de lo real y lo imaginario a lo largo del diálogo. La presencia no solicitada del mundo imaginario de Murphy Brown en la campaña presidencial de la vida real provocó la transformación de Quayle (o, más bien, de su imagen televisiva real) en un personaje de la vida imaginaria de Murphy Brown: se había hecho un supertexto, mezclando en el mismo discurso mensajes sostenidos apasionadamente y emitidos desde ambos niveles de la experiencia. En este caso, la virtualidad (esto es, Murphy Brown siendo en la práctica lo que muchas mujeres eran, sin serlo en nombre de ninguna mujer) se había vuelto real, en el sentido de que interactuaba realmente, con cierto impacto significativo, en el proceso de elección del cargo político más poderoso de la tierra. Concedo que el ejemplo es extremadamente inusual, pero creo que ilustra mi análisis, ayudando a reducir la oscuridad de su abstracción. Esperando que éste sea el caso, seré más preciso.

Lo que caracteriza al nuevo sistema de comunicación, basado en la integración digitalizada e interconectada de múltiples modos de comunicación, es su capacidad de incluir y abarcar todas las expresiones culturales. Por su existencia, en el nuevo tipo de sociedad, toda clase de mensajes funcionan en un modo binario: presencia/ausencia en el sistema de comunicación multimedia. Sólo la presencia en este sistema integrado permite la comunicabilidad y socialización del mensaje. Todos los demás se reducen a la imaginación individual o a las subculturas cara a cara cada vez más marginadas. Desde la perspectiva de la sociedad, la comunicación basada en la electrónica (tipográfica, audiovisual o a través del ordenador) es comunicación. No obstante, no se deduce que haya una homogeinización de las expresiones culturales y el pleno dominio de los códigos por unos cuantos emisores centrales. Es precisamente debido a su diversificación, multimodalidad y versatilidad por lo que el nuevo sistema de comunicación es capaz de abarcar e integrar todas las formas de expresión, así como la diversidad de intereses, valores e imaginaciones, incluida la expresión de conflictos sociales. Pero el precio que se paga por la inclusión en el sistema es adaptarse a su lógica, a su lenguaje, a sus puntos de entrada, a su codificación y decodificación. Por ello es que por lo que es tan crucial para los diferentes tipos de efectos sociales que se desarrolle una red de comunicación multimodal horizontal, del tipo de Internet, y no un sistema multimedia de expedición centralizada, como la configuración del video a solicitud. El establecimiento de barreras para entrar en este sistema de comunicación y la creación de contraseñas para la circulación y difusión de mensajes por el sistema son batallas culturales cruciales para la nueva sociedad, cuyo resultado predetermina el destino de los conflictos interpuestos simbólicamente por los que se luchará en este nuevo entorno histórico. Quiénes son los interactuantes y quiénes los interactuados en el nuevo sistema, para utilizar la terminología cuyo significado sugerí anteriormente, formula en buena medida el sistema de dominación y los procesos de liberación en la sociedad informacional.

La inclusión de la mayoría de las expresiones culturales dentro del sistema de comunicación integrado, basado en la producción y distribución electrónica digitalizada y el intercambio de señales, tiene importantes consecuencias para las formas y procesos sociales. Por una parte, debilita de manera considerable el poder simbólico de los emisores tradicionales externos al sistema, que transmiten a través de las costumbres sociales codificadas por la historia: religión, moralidad, autoridad, valores tradicionales, ideología política. No es que desaparezcan, pero se debilitan a menos que se recodifiquen en el nuevo sistema, donde su poder se multiplica por la materialización electrónica de las costumbres transmitidas espiritualmente: en nuestras sociedades, los predicadores electrónicos y las redes fundamentalistas interactivas son una forma más eficaz y penetrante de adoctrinamiento que la transmisión cara a cara de una autoridad carismática y distante. Pero al haber concedido la coexistencia terrenal de mensajes trascendentales, pornografía a solicitud, culebrones y líneas de conversación dentro del mismo sistema, los poderes espirituales siguen conquistando almas, pero pierden su posición suprahumana. Sigue el paso final de la secularización de la sociedad, aún cuando a veces tome la forma paradójica de un consumo notable de religión, bajo toda clase de nombres genéricos y de marca. Las sociedades están por fin y verdaderamente desencantadas, porque todos los milagros están en línea y pueden combinarse en mundos de imágenes autoconstruidos.

Por otra parte, el nuevo sistema de comunicación transforma radicalmente el espacio y el tiempo, las dimensiones fundamentales de la vida humana. Las localidades se desprenden de su significado cultural, histórico y geográfico, y se reintegran en redes funcionales o collages de imágenes, provocando un espacio de flujos que sustituye al espacio de lugares. El tiempo se borra en el nuevo sistema de comunicación. Cuando pasado, presente y futuro pueden reprogramarse para interactuar mutuamente el mismo mensaje. El espacio de los flujos y el tiempo a temporal son los cimientos materiales de una nueva cultura, que trasciende e incluye la diversidad de los sistemas de representación transmitidos por la historia: La cultura de la virtualidad real, donde el hacer creer acaba creando el hacer.




sábado, 26 de febrero de 2011

ATAQUE EN CONTRA




Señoras y señores, aconductados y libres, esto va dirigido a los que lo esperaron y siguen en la cyberbatalla: ALTERÓPTICA CONTRAATACA, estamos de regreso –sin núnca irnos- para ESTIMULARLOS A TODOS>>> LA BASE-.

>>> SERÁ QUE LOS LATINOS SOMOS MUY COBARDES???

Pronto daremos las coordenadas para intervenir este mapa. La virtualidad es real!

sábado, 4 de diciembre de 2010

El último de libro de García Canclini: una redefinición de lo latinoamericano


Las investigaciones y libros de García Canclini se han constituido estos últimos años en un referente clave de la investigación social latinoamericana. Incluso en un país tan poco lector del pensamiento latinoamericano en ciencias sociales como Colombia, los textos de este autor están notoriamente presentes. Pero, como era de esperarse, ese lugar de preeminencia en el campo intelectual, académico y editorial de la región ha acarreado multiplicidad de controversias y no pocos interesados malentendidos. No se inauguran caminos como los abiertos por Las culturas populares en el capitalismo en el modo de pensar las relaciones entre culturas tradicionales y modernidad; por Culturas híbridas con su profundo replanteamiento del sentido de lo moderno en América Latina desde los patrimonios nacionales a las vanguardias artísticas; o por Consumidores y ciudadanos (1995) atreviéndose a pensar juntas esas dos figuras de lo social tan maniqueamente opuestas por la inmensa mayoría del pensamiento de izquierda, sin verse expuesto no sólo a fuertes polémicas sino a también a los efectos de la inercia mental de la que se alimentan los reverencialismos y las descalificaciones en superlativo.

Tanto las polémicas de fondo como los simplismos y las inercias mentales, desde las que se lee con demasiada frecuencia por estas tierras, hallan un fuerte remezón en el libro que reseñamos. Un libro en el que hay al mismo tiempo balance y ajuste de cuentas, reelaboración conceptual y redefinición de posiciones. Y ello tanto con respecto las transformaciones sufridas por dos disciplinas, antropología y sociología, como a las evoluciones e involuciones del sentido de lo latinoamericano .

Más allá de la disparidad en tono y peso de los textos que componen este libro, su ensamblaje y reescritura, desde el doble eje de mapas y miradas, ofrece un apretado panorama de los avances y los impasses de esas disciplinas que continúan obstinadamente separadas y recelosas, disputándose el saber sobre lo social cuando todo en la vida de nuestro países, y del mundo, emborrona y desubica sus fronteras académicas. Y cuando las necesitamos juntas para pensar las multiplicidad de escenarios en los que se juegan cotidianamente la vida nuestras culturas, que es lo que significa para García Canclini interculturalidad. Una categoría con la cual nombrar tanto la densidad de los conflictos y los intercambios que viven las etnias, las regiones y las naciones, como el lugar epistémico desde el cual abarcarlos comprensivamente. Pero interculturalidad nombra también para este autor los nuevos modos como la investigación puede s ervir para devolverle imaginación a la política reinstituyéndola como gestión de la sociedad , pues sólo entonces puede la cultura develar lo que es en última instancia: la cuestión del sentido de la vida en común, esto es, de lo que compartimos como etnia, región o nación.

Pero lo que hace verdaderamente distinto a este libro de la mayoría de lo escrito por García Canclini, es el modo frentero en que se nombran los lugares estratégicos para el avance, justamente en la medida en que ellos son también la fuente de las ideas que mayores complicidades sostuvieron –quizá desde los propios textos del autor- con las polémicas y los malentendidos que esa obra ha suscitado. Especialmente dos. En primer lugar, la confusión de la categoría de hibridación con la idea de una inevitable disolución del núcleo de cada cultura. Y frente a lo cual encontraremos en este libro la asunción explicita y repetida de “aquello que en cada etnia es innegociable e inasimilable” (p.55), y también la de “las diferencias y desigualdades no diluibles en la globalización” (p.100). En segundo lugar, la acusación a los últimos trabajos de García Canclini de una despolitización neutralizadora, como la que lastraría la categoría de ciudadanías culturales, y según lo cual la búsqueda del “reconocimiento formal” (incluso jurídico) de la diferencia se habría convertido en una trampa para las comunidades realmente existentes que antepondrían eso a la lucha contra el empeoramiento de sus condiciones sociales. Esa supuesta despolitización y ese tramposo dualismo, reciben el más contundente mentís a lo largo de todo el libro, y especialmente en su parte más densamente fecunda, aquella en la que se elabora un mapa preciso de las contradicciones que paralizan, o vuelven socialmente inservible, gran parte de la investigación social y las políticas culturales. Que es lo que sucede tanto cuando se pretenden solucionar las indiluibles desigualdades sociales con la sola defensa de la diferencia cultural , como cuando se pretende explicar y satisfacer desde el ámbito socioeconómico la densidad simbólica de los problemas y los derechos culturales. “Para millones, el problema no es mantenerse separados sino ser incluidos, llegar a conectarse sin que se atropelle su diferencia ni se los condene a la desigualdad. Pues en la cultura hay territorios continuos, discontinuos y compartidos” (ps. 53-55). Lo que para el trabajo de los antropólogos se traduce en una nítida toma de posición “algunos antropólogos estamos tan interesados en contribuir a que los grupos marginados se afirmen y desarrollen como a entender las condiciones que reproducen su marginación y valorar las oportunidades interculturales en que los pueblos buscan ser competitivos, intercambiar con otros y convivir” (p.144). Y adelantándose al malentendido entre aquellos para los que la incorporación de la desconexión como forma de exclusión social puede sonar a la búsqueda de una perversa modalidad de inclusión destructora de la diferencia, o a “celebración de la técnica”, se afirma: “Podemos conectarnos con los otros únicamente para obtener información , como lo haríamos con una máquina proveedora de datos. Conocer al otro, en cambio es tratar con su diferencia” (p.194)

El otro tema central de este libro es la hoy indispensable redefinición de lo latinoamericano “como un horizonte donde dejar de ser minorías aisladas y proyectos desconectados” . A ese empeño ha dedicado García Canclini el trabajo recogido en dos libros publicados ambos en el año 2002: Iberoamérica 2002 (OEI/Santillana, México), que recoge su coordinación de una serie estudios encargados por la OEI a especialistas de la región y compartidos en tres seminarios internacionales; y Latinoamericanos buscando lugar en este siglo (Paidos, Buenos Aires). Hay tres rasgos de esa redefinición que me parecen especialmente pertinentes y exigentes. El primero es que en la nueva definición hay que meter no sólo lo que piensan los intelectuales e investigadores y lo que hacen los creadores en toda la diversidad de sus figuras, sino también lo que hoy producen sus editores, distribuidores y vendedores. O sea toda esa espesa intermediación entre creadores y públicos mediante la cual, al mismo tiempo que se ponen a circular los productos culturales se los controla y margina expandiendo unos y asfixiando otros, se los ecualiza y deshuesa, se los uniforma y funcionaliza. El segundo es la impostergable pero ardua introducción de la cuestión de los sujetos (los actores) a la hora de pensar y construir una Latinoamérica verdaderamente intercultural pero en un tiempo en el que todo tiende a su supresión o simulación, y en el que cuentan (cuestan y valen) más los flujos financieros y de las marcas que los desplazamientos de los inmigrantes. Y el tercero es la importancia estratégica que hoy adquiere la explicitación del lugar desde donde se nombra/es nombrada América Latina, y que nada tiene que ver con la semántica, pues de lo que se trata, en últimas, es del lugar político , o sea de las posiciones como modos de relación con América Latina en cuanto espacio cultural y proyecto de emancipación , es decir como utopía.

Y es justamente para re-dotar de sentido político a la utopía que García Canclini sintetiza las apuestas de su libro utilizando el provocador apunte de T.S. Eliot sobre los tres nombres que tienen los gatos: el genérico, el que designa a cada gato, y el que sólo el gato conoce, aplicándolo a América Latina. A captar el nombre génerico es a lo que se ha dedicado buena parte de las ciencias sociales que buscó y sigue buscando nombrar lo que tenemos en común pueblos y naciones tan diversos y dispersos. La antropología especialmente, y también las Humanidades, se han dado la tarea de desentrañar lo que nos diferencia hacia dentro y hacia fuera: lo que nos hace únicos. Y no conforme con esos dos nombres, la corriente del “realismo mágico” ha tratado de penetrar el inconsciente de este “nuevo mundo” para develar su tercer nombre, el secreto , o quizá mejor, el secreto de su nombre, su magia, su misterio. Lo que es aprovechado por el autor para alertarnos lucidamente sobre para qué, en estos oscuros tiempos de fracasos y apocalipsis, podría y debería servirnos ese tercer nombre de América Latina: “no como alternativa cuando lo racional fracasa sino como referencia utópica de los movimientos sociales cuyos efectos rebasan los previstos por las estructuras”, “no en el orden de lo religioso y anticientífico sino en el registro de lo poético y lo político”, “no como recurso mágico para modificar el orden imperante sino como voz excluida que puede revelar algo sobre el orden excluyente” (p.143).

Jesús Martin Barbero
http://www.piedepagina.com/numero3/html/diferentes.htm

SONIDO 2009 / ROCKMAN